
Estamos de enhorabuena.
Debemos de estar de enhorabuena.
Tenemos la posibilidad de confiar en una opción política que se aleja del catastrofismo. Que nos ofrece abiertamente una mirada positiva y que desde esta perspectiva, trabaja para que la convivencia entre todos nosotros sea más sencilla, más amable, más vivible y que nuestro futuro y el de los nuestros sea mejor.
Una opción política que no se olvida de los más necesitados.
Tenemos la posibilidad de confiar en una opción política que además, cree y practica la igualdad entre hombres y mujeres.
Pero también tenemos que estar de enhorabuena, porque las Instituciones del Estado funcionan de forma correcta y defendiendo nuestra casa común.
La intención del Partido Popular de anular la Ley de Igualdad a través del Tribunal Constitucional ha recibido el rechazo que se merecía.
Desde el PP están acostumbrados a intentar imponer sus criterios por encima de todo y cuando no lo pueden hacer desde la cámara legislativa, acuden a lo que ellos deben considerar la tercera cámara.
Desde el partido mayoritario de la oposición, se defiende que la paridad en las listas electorales es una ley equivocada y si no se convence a los representantes de los ciudadanos en el Congreso de los Diputados para cambiarla, hay que ir al Constitucional.
El fallo del Tribunal fue por amplia mayoría y el varapalo al Partido Popular rotundo.
Pero lo realmente alarmante es el argumento que esgrimen para rechazar la ley que defiende la paridad.
Hay una situación clara en la que todos coincidimos y es que la representatividad, el peso de la mujer en los ámbitos políticos, de dirección y de toma de decisiones, es muy inferior a la que sería lógica en función de su representatividad demográfica.
Es sabido que las mujeres padecen más precariedad en las contrataciones y que perciben menores sueldos a igualdad de responsabilidades que los hombres.
Es decir, parece evidente que a pesar de los avances habidos en estos años de democracia que han sido muchos, hay aspectos en el reparto de responsabilidades entre el hombre y la mujer en los centros de toma de decisiones, en los que esta última está discriminada.
Ante tal situación, el gobierno del Partido Socialista desarrolla una ley marcadamente progresista de discriminación positiva para transformar esta realidad.
Los resultados de la aplicación de esta ley son, como la propia Esperanza Aguirre manifestó tras mostrar una vez más su rechazo a la misma, que después de las últimas elecciones municipales se alcanzó una representatividad de la mujer en los ámbitos políticos casi igual a la de los hombres, mayor que nunca en la historia reciente de la democracia, efecto que se ampliará tras las próximas elecciones generales.
El planteamiento del Partido Popular es contrario a la Ley de Igualdad: No creemos en los cupos y la promoción ha de ser por mérito.
Parece que la estructura de poder del Partido Popular no tiene prisa por abrir paso a las mujeres, aunque en esta campaña si les hace guiños con rebajas fiscales especificas para ellas y con medidas de discriminación positiva similares, aunque uno de los argumentos más repetidos por sus representantes es que no les gustan las discriminaciones, ni aún siendo positivas.
Realmente no les interesa la incorporación de la mujer en igualdad numérica a su estructura y por eso plantearon la inconstitucionalidad de la ley.
No hay prisa pues para que se incorporen las mujeres a los órganos de dirección ni a las listas. Nada de cupos, porque por cada mujer que entra en una lista, quizás tenga que salir un hombre.
Los cambios tienen que ser tranquilos plantean, el ritmo lo debe marcar la capacidad de cada persona. En las listas tienen que estar los que más meritos tengan.
Eso viene a significar que los de los méritos son, según su criterio, los hombres que formaban las listas en los comicios anteriores y que las mujeres se deben incorporar de una forma lenta, en un proceso de concurso de méritos en no se sabe que tipo de oposición.
De no ser así, la incorporación a la lista del mismo numero de mujeres que hombres es fruto de un planteamiento artificioso y por tanto malo. Va contra el natural devenir de los tiempos y eso constituiría una autentica transgresión.
Cuando nos incorporamos a las listas en igualdad de condiciones considerando nuestra representatividad en la sociedad, que es al menos la misma que la de los hombres, para el Partido Popular no esta bien.
Quizás lo que podamos transgredir con la ley, sea el statu quo de muchos hombres que hasta ahora estaban en una situación demasiado cómoda.
Luego siguiendo su lógica, se desprende que las mujeres no superamos en méritos a los hombres, pues nuestra posición real en muchos puestos de la sociedad antes de Ley de Igualdad, era proporcionalmente muy inferior a la de los hombres.
Por supuesto que los cargos de responsabilidad en cualquier ámbito deben estar cubiertos por las personas más capaces, pero ya es hora de que en esos puestos, el número de mujeres y hombres sean similares como refleja la realidad social de nuestro país.
Porque nadie nos puede insinuar, que los más capaces sean los hombres en una proporción absurda como la que hasta ahora se desprendía de la realidad y como pretenden que siga siendo los responsables del PP.
Partamos de una situación de igualdad real, de igualdad paritaria y veamos quienes son los más capaces demostrándolo en el trabajo y en el día a día.
Quizás entonces veamos la necesidad de que se incorporen muchos hombres y mujeres nuevas, especialmente en algunas formaciones como el Partido Popular.